De Opinión

Atenta nota para los que llegan…

Cuando escribo este texto recuerdo de inmediato un ejercicio similar que realicé cuando sólo tenía ocho años y en el que escribí al entonces Presidente Ernesto Zedillo para pedirle, suplicarle, que por favor me ayudara a calmar los ánimos de mis hermanos, en ese entonces pequeños y traviesos.

El afán de escribir esta anécdota infantil es traer a la mente la imagen sobre la figura del Presidente con la cual la generación millenial crecimos: una autoridad que se encarga de arreglar asuntos importantes.

Con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, la nostalgia sobre la figura presidencial me invadió; sobretodo, después de observar cómo los ciudadanos se han volcado para ofrecer su respaldo y especialmente, su esperanza de que la situación puede mejorar en nuestro México.

“¡No les voy a fallar!”, una promesa hecha ante los ojos impávidos de miles de mexicanos la noche del 1 de julio del 2018 en el Estadio Azteca; y de muchos millones más que lo observamos a través de los medios de comunicación.

Después de esa fecha, me he dedicado a seguir los mensajes del Presidente López a través de las redes sociales y creo que el discurso sigue la misma línea; más allá de si lo prometido es viable o no, quiero reflexionar en torno al sentimiento general que priva en los mexicanos: la desconfianza en las instituciones públicas.

De acuerdo al estudio más reciente de la OCDE, el nivel de confianza de las personas en las instituciones públicas se encuentra en un momento crítico en América Latina; de hecho, en nuestro país, ha disminuido paulatinamente en la última década; por ejemplo,  en 2015, únicamente el 28% de la población expresó confianza en el gobierno nacional y sólo el 32% en el sistema judicial y los tribunales.

En este sentido, creo que la emisión de un discurso congruente resulta fundamental para refrendar la confianza de los más de 30 millones de ciudadanos que eligieron a Morena como la opción para dirigir el país durante los próximos seis años.

La congruencia entre el discurso y la acción no podremos medirla hasta el primer año de gestión, cuando se pongan en marcha los programas del nuevo gobierno; pero creo que sí se puede comenzar a construir un diálogo entre los que llegan a resolver problemas importantes y los que esperamos resultados.

¿Es necesario renovar el contrato entre lo ofertado y lo recibido? Yo diría que es urgente, especialmente ahora cuándo no somos capaces de avanzar de manera conjunta como sociedad y donde la metáfora de la cubeta de cangrejos resulta perfecta para los mexicanos. Como dice la popular canción de Molotov: hay que arrancar el problema de raíz y cambiar al gobierno de nuestro país.

Así de simple y una atenta nota para los que llegan…

 

OCDE (2018). Perspectivas económicas de América Latina 2018 Repensando las instituciones para el desarrollo, consultada en: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/43513/1/LEO2018_es.pdf

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