Jóvenes, ¿víctimas o victimarios?

Esta semana, el procurador de justicia en Michoacán, Martín Godoy Castro, reveló que el 30% de los delitos en la entidad son cometidos por jóvenes, en promedio con 23 años de edad y con un aumento de la participación de mujeres en la comisión de ilícitos.
El sector juvenil es uno de los más desatendidos por las políticas gubernamentales, ya que enfrenta retos en distintos niveles de atención que van desde los aspectos educativos, de salud, económicos e incluso sociales.
América Latina experimenta el último bono demográfico, con cerca de 100 millones de hombres y mujeres en el rango de jóvenes, mismos que viven un contexto sumamente cambiante en el que las oportunidades de encontrar un empleo o continuar preparándose son cada vez más escasas.

Ante esta situación, no son raras las historias de delincuencia y violencia en las que se ven involucradas, logrando lamentablemente los extremos cuando son ellos quienes encabezan movimientos para la comisión de delitos.

¿Víctimas o victimarios? En realidad, podríamos argumentar que los jóvenes viven ambas caras de la moneda en el estado; por una parte, la ausencia de políticas de inclusión en los ámbitos laborales o educativos no permiten su desarrollo e inserción en actividades productivos.

El sector juvenil requiere de atención por lo menos en tres dimensiones: educativa (existe una fuerte caída en la asistencia y/o permanencia de los jóvenes en primero de preparatoria), laboral (las opciones de encontrar un trabajo bien remunerado son casi nulas por la falta de preparación) y de seguridad (muchos ofensores juveniles tienen dificultad para reincorporarse a la sociedad después de cumplir con sus condenas).  

Además, Michoacán es un estado en el que ha permeado fuertemente la narco cultura y en las que las generaciones actuales han vivido una normalización de la violencia, el sistema de valores en el que vivimos actualmente cuestiona fuertemente la distinción entre lo bueno y lo malo (más legalmente hablando que moralmente).

Ante este escenario poco alentador, la realidad es que las estructuras gubernamentales en lo local, es decir, en las presidencias municipales tienen que evolucionar hacia una oficina que atienda por lo menos las necesidades básicas del sector y transitar de la organización de eventos culturales hacia una política real de atención que vaya más allá del presupuesto limitado con el que se cuenta (porque de antemano sabemos que es una de las justificaciones para la no acción).

Apunte: Un Michoacán de contrastes es lo que encontrará el papa Francisco.

@panopticomx

Artículo publicado en Monitor Expresso

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