La redacción

La juventud que se queja

Ayer el Libramiento de Morelia nuevamente está en vías de convertirse en el escenario de un conato de enfrentamiento entre los jóvenes y la autoridad, sorprendió ver que a la altura de las vías del tren, la policía estatal otra vez indicaba a los automovilistas que cambiarán su ruta puesto que se aproximaba un contingente de estudiantes normalistas que se dirigían a Casa de Gobierno.

Mientras esto sucedía en Morelia y seguramente en algún otro punto del país, en París se realizaba el Noveno Foro de la Juventud de la Unesco en el que se discuten las preocupaciones de los jóvenes y sobretodo, cuáles son sus propuestas para cambiar el mundo actual y el futuro de sus respectivos países.

Promover el cambio, sin duda es una de los principales motivaciones de los dos grupos; la forma en la que se busca es donde estriba la principal diferencia entre ambos. Por un lado, se ve la confrontación directa ante una autoridad estatal que se pronunció por la tolerancia cero ante actos de vandalismo y bloqueo de las calles; por otra parte, se observan a jóvenes de todo el mundo poniendo sobre la mesa temas que deben ser atendidos por los gobiernos de sus países.

Sin tratar de criminalizar la protesta, es indudable que las marchas, bloqueos y plantones están ya “fuera de moda” para hacer escuchar las demandas de los sectores, cualquiera que sean, debido a que las afectaciones hacia la ciudadanía son mayores y por tanto, provocan poco respaldo hacia las causas sociales que motivan dichas manifestaciones.

Protestar en México se ha convertido en un gran negocio, en el que los sectores que antes enarbolaban causas de los grupos vulnerables ahora se dedican a extorsionar a las autoridades para lograr concesiones como recursos económicos.

Por su puesto, el gobierno en todos los niveles también ha sido comparsa, que dejo crecer a su sombra a ciertos grupos que en determinado momento podrían ser aliados o apoyar sus intereses particulares. Ahora bien, la pregunta que se hacen los legisladores locales es si reglamentar las marchas, plantones, bloqueos y demás manifestaciones de protesta.

En este sentido, pareciera que se abusa de la norma para tratar de controlar a los que protestan en lugar de buscar los mecanismos para evitar que los grupos sociales lleguen a estas medidas de presión, hoy son los jóvenes que marchan por educación de calidad y la oportunidad de contar con un trabajo bien remunerado, que son dos preocupaciones prioridad en el sector juvenil.

Mañana, seguramente será otro grupo que también intentará meterle presión a la autoridad mediante el cierre de vialidades que por supuesto afecta la imagen de la ciudad, en la que dicho sea de paso se vive la temporada anual de festivales.

Por lo pronto hoy, jóvenes en diferentes contextos y lugares se hacen escuchar, ponen sus demandas sobre la mesa; seguramente, unos lo conseguirán mejor que otros, sin adelantarme, realmente lo que se requiere es un sector juvenil sí activo y sí inconforme con el status quo que prevalece en México, pero en este caso como en la política: la forma es fondo.

Jóvenes más involucrados en los problemas públicos y más conscientes de su realidad es lo que pide a gritos Michoacán, pero ¿cómo construir nuevos paradigmas si la escuela que sigue el sector juvenil obedece a la presión mediante la violencia en alguna de sus manifestaciones?

Apunte: A todo esto, ¿ahora cuál es la exigencia de los estudiantes normalistas? Por favor, lleven carteles para identificar sus peticiones.

@panopticomx

Artículo publicado en Monitor Expresso

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